dogmas

La tierra plana

Mapa bíblico

Ni tanto. En todo caso es una de esas interpretaciones acientíficas derivada de una lectura distorsionada por la creencia dogmática. Parece que es el único ejemplar completo existente y eso que apenas es de 1893; acaba de ser donado a la Biblioteca del Congreso USA.

Fuente: The History Blog

Dogma x 2

Ian Kershaw reseña el libro La biblioteca privada de Hitler, de Timothy Ryback, quien ha hecho una investigación sobre lo que queda de unos 16.000 volúmenes acumulados en Berchtesgaden, Munich y Berlín; mayormente grupos aislados en bibliotecas norteamericanas. Rybacks estudia principalmente los libros rayados por el propio Hitler y saca algunas conclusiones sobre la influencia de los libros en el carácter del Führer. De las observaciones de Kershaw lo que más me llamó la atención fue esta cita extraída de Mein Kampf:

Un hombre que posee el arte de la correcta voluntad de lectura, al estudiar cualquier libro, revista o panfleto instintivamente percibe todo lo que en su opinión es digno de recuerdo permanente, sea porque se adecúa a su propósito o porque en general es valioso saberlo. Una vez que el conocimiento que él ha adquirido de esta manera se coordina correctamente con la imagen existente de este o aquel asunto creado por la imaginación, funcionará sea como un correctivo o un complemento, mejorando así la corrección o la claridad de la imagen.

Brevemente, lo leído confirma o amplía lo que ya sabía. La cita de alguna manera resume también la posición de Kershaw sobre aquella posible influencia de los libros en Hitler o para el caso de cualquier dogmático: ninguna, a menos que confirmen lo que piensa. Es llamativo que en el pequeño párrafo de la cita hay cuatro referencias a la "corrección".

Casualmente, en este otro artículo Richard Wilson se esfuerza por establecer la diferencia entre un escéptico verdadero y uno falso (o dogmático disfrazado). Dice que:

El escéptico genuino forma sus creencias a través de una evaluación equilibrada de la evidencia. El escéptico de la variedad "chimba" selecciona evidencia siguiendo una creencia preexistente, aferrándose a los datos -por débiles que sean- que apoyan su posición y se declara "escéptico" de cualquier otra evidencia, por convincente que sea, que la contradiga.

El dogmático es un enfermo, no sé si curable. A pesar de que pareciera sencillo detectarlo, en la práctica no es así. Estas citas dan pistas.

Probablemente esta nota de febrero esté relacionada.

Alexander Bogdanov y la tectología perdida

Me enteré de la existencia de Alexander Bogdanov por allá en 1990, y eso porque surgió en alguna lectura tangencial sobre la historia del pensamiento que han dado en llamar 'sistémico'. Su principal obra Tectología: ciencia universal de la organización es un antecedente muy importante en ese tipo de estudios; sin embargo, es poco conocido fuera de Rusia aunque ha habido un par de congresos y varios libros dedicados a su obra.

Bogdanov vivió y participó en la revolución rusa; fue amigo de Lenin, aunque después se distanciaron. La obra 'Materialismo y empirocriticismo' que leí alguna vez, parece que está dedicada a contradecir las ideas de Bogdanov. Por otra parte, nunca fue tomado en cuenta en el exterior porque -después de todo- era o había sido bolchevique. Hasta el día de hoy no hay traducción de 'Tectología' a ninguno de los idiomas populares; así que fuera de los informes de terceras personas es difícil determinar de primera mano la magnitud intelectual de Bogdanov. A menos que uno se ponga a aprender ruso. Mejor esperar algún benefa-tradu-ctor.

¿Cuántos casos similares o peores habrá por ahí? Mentes brillantes que hablaron en otros idiomas, como Sócrates o Platón o Confucio, pero pertenecientes a culturas que no tuvieron la misma publicidad...

Wegener y las mnemoconfusiones

Entre esos recuerdos que parecen más bien olvidos tengo el del cambio de actitud hacia la teoría de la deriva continental de Wegener. Tenía la impresión que creía venir de mi infancia, de que cuando se hablaba de la formación de la tierra se solía mencionar a Wegener y aprovechar para hacer comentarios sarcásticos como que los continentes flotan o que era una tontería encontrar semejanzas en los bordes de América y Africa, porque después de todo, no era más que una casualidad.

Ahora, sin embargo, y gracias a que mi primo tuvo la gentileza de regalarme una reedición de mi libro de tercer grado (del cual hablaré otro día) compruebo que no era así:

Según la hipótesis del sabio alemán Wegener, hace muchos miles de años existía una sola masa continental. Debido al movimiento de rotación de la tierra, esta masa se fue fragmentando, y el desplazamiento de los trozos resultantes dio lugar a los continentes actuales. Corrobora esta hipótesis la identidad de las formas de las costas occidentales europeas y africanas y las orientales de América.

Eso es todo lo que dice, y realmente no se aprecia sátira allí (a menos que se vea en lo de "sabio", que es más bien una redundancia, porque ¿qué sabio no es alemán?). Así que rebuscando en lo más recóndito de las circonvoluciones hemisféricas (y eso es bastante rebuscado) me parece que la burla hacia Wegener no viene de la primaria sino de la secundaria en el colegio San José de Maracay, donde más que tener, sufrimos a un profesor que de geografía y afines sabía lo mismo que un bachiller actual (vulgo: nada). Con razón se me había olvidado.

Una consulta al conocido sabio actual, el Sr. Google, me dice que Alfred Wegener (1880-1930) no fue el primero en percatarse de la semejanza en los perfiles continentales, pero sí fue quien desarrolló la idea con algo más. Aparentemente el disparador de su interés fue una observación que vió en un libro cuando estaba en Marburg en 1911, en el cual se informaba de fósiles de plantas idénticas encontrados en lados opuestos del Atlántico. La teoría de la época para explicar este asunto era la de los puentes intercontinentales.

Así que a partir de allí, Wegener fue reuniendo evidencias para su teoría de que los continentes no están donde siempre estuvieron, ni van a estar. Publicó su libro "El origen de los continentes y los océanos" en 1912, donde aparece la idea de Pangea, un gran continente originario, aunque hipotético. Sin embargo, no fue hasta después de mediados de los sesenta que su hipótesis fue aceptada universalmente. La diferencia principal con las concepciones actuales es que ahora se ¿sabe? que no son los continentes solamente sino las llamadas placas tectónicas que incluyen partes oceánicas, las que se mueven lentamente (a Dios gracias).

Me parece llamativo cómo en el témino de una generación (la mía, para más abundamiento) puede cambiar la concepción de todo un mundo acerca de cualquier cosa (ej. URSS). El problema es que siempre hay que esperar una generación.

Extraterrestres para todo

A principios de los años setenta del pasado siglo estaba en pleno desarrollo la fiebre de explicaciones paralelas o alternativas, y entre ellas, se hizo muy popular la de Erich von Däniken que yo leí en 'Recuerdos del futuro'. La idea es que cualquier objeto que luzca un poco extraño o descomunal en el registro arqueológico se atribuye a presencia extraterrestre; un poco como la idea de Arthur Clarke en 'El centinela' (que formó la base de '2001: una odisea espacial'). Una presencia de la cual sólo quedan sugerencias, indicios, algunas francamente risibles como las figuras rupestres con cascos espaciales muy a la norteamericana. Uno creería que la fiebre ya pasó, pero no sólo no ha pasado sino que ahora hay "explicaciones" de todo tipo: ángeles, espíritus, demonios, fengshui, etc.

Erich von Däniken

Independientemente de las refutaciones, von Däniken sigue viviendo de esa idea, ya a sus setenta años, dando conferencias en Budapest y muchos otros lugares, y vendiendo libros, videos y demás 'merchandise' en su sitio de internet.

El caso es interesante porque muestra cómo una vez que alguien tiene una hipótesis omniexplicativa no hay manera de convencerlo de otra cosa. Es lo que pasa con los políticos y con los creyentes, en fin, con los dogmáticos de cualquier naturaleza.

Ver o creer

Un artículo de Theodore Dalrymple titulado "Verdad o teoría" trata el asunto de los múltiples Shakespeares. Desde hace tiempo hay dos bandos que disputan si el Shakespeare nacido en Stratford, sin educación, interesado en los bienes materiales, es el mismo que escribió la más importante obra literaria en lengua inglesa. Hay al menos tres personajes contemporáneos del gran bardo que han sido propuestos como autores "reales" de su obra: Francis Bacon, Edward de Vere, y Christopher Marlowe; y como dice Dalrymple, los argumentos utilizados para estas atribuciones son tediosamente eruditos y rebuscados.

Pero en lugar de entrar en esta discusión, Dalrymple compara la descripción que hace Shakespeare de la enfermedad que mata a Falstaff, extraída de 'Henry V', con la descripción de su yerno John Hall, quien sí era médico, egresado de Cambridge y que escribió un libro titulado "English Bodies of Eminent Persons in Desperate Diseases", bastante pomposo.

El análisis, aunque escueto, de Dalrymple es ilustrativo. De la descripción shakespeariana todavía se pueden sacar conclusiónes médicas; en cambio, las descripciones de Hall no son más que ratificaciones de las teorías de Galeno sobre los humores, que para la época eran la "verdad" (aquello de los tipos flemáticos, sanguíneos, coléricos o melancólicos). Dice: "Un médico contemporáneo puede aprender algo de Shakespeare; no puede aprender nada de Hall".

De esto deduce Dalrymple que las observaciones de Shakespeare indican que aunque tenía conocimiento de la teoría de los humores de Galeno, es justamente su falta de "educación formal" la que hace que sus observaciones sean tan precisas. Por supuesto, Dalrymple se pregunta cuántos estamos amarrados a teorías equivalentes -sólo que "modernas"- con consecuencias fácilmente imaginables. Y cita a Orwell:

Hemos caído a una profundidad tal que el re-establecimiento de lo evidente es el primer deber del hombre inteligente.

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