Cineratura

Hævnen

Escena de Hævnen
El imbécil danés (a la derecha) le acaba de dar una bofetada al protagonista (Mikael Persbrandt, a la izquieda) y además lo insulta por ser sueco. La repuesta del segundo es apenas señalar -correctamente- la imbecilidad del primero y retirarse de allí. Para este momento de la película ya ha recibido dos ataques del mismo agresor.

Es una de las escenas de la película Hævnen (Venganza), conocida como En un mundo mejor de Susanne Bier, ambientada en dos lugares no precisados de Africa y Dinamarca y que parece dirigirse hacia la violencia y las posibles respuestas que amerita. El protagonista es prácticamente un ángel: un médico que hace trabajo solidario en Africa y que no responde a la agresión de un imbécil. Su hijo sufre también agresiones importantes por parte de los abusadores que nunca faltan en la escuela. Dos realidades geográficamente muy distantes.

Es una cinta interesante, aunque cuesta un poco encontrarle el quid. Y por cierto que la explicación de la directora no ayuda. En esta entrevista dice -junto con el guionista Anders Thomas Jensen- que le chocaba la percepción de Dinamarca como una sociedad idealista y armónica, cuando la realidad es siempre tan diferente. Así que Comenzamos a pensar sobre una historia donde eventos impredecibles tuvieses efectos dramáticos sobre la gente y rompiese esa imagen de lugar feliz. La historia de dos jóvenes que se hacen amigos pero uno de ellos se va poniendo violento comenzó gradualmente a desarrollarse. [...] Normalmente creemos -o tendemos a creer- que los niños son buenos y criaturas de amor, pero en este caso el niño de 12 años se torna maligno porque está enojado.
No lo logró. Basta ver la diferencia monstruosa entre las condiciones de vida que se muestran en las dos localidades que aparecen en la propia película. Dinamarca sigue pareciendo, incluso con problemas de violencia y racismo, un paraíso al lado del resto de los países, que por supuesto también comparten violencia y racismo y todo lo demás.

Pero si la observación (recogida en Wikipedia) de lo poco que cuesta que una persona piense que algo es muy injusto, es el núcleo de la película, encuentro que tiene mucha razón. En sus palabras:Realmente no cuesta mucho, y encuentro eso profundamente interesante. Y asusta.

Kara kitap

Porque ¿qué era leer sino apoderarse lentamente de la memoria de otro?

El libro negro, portadaSi fuese a reseñar El libro negro de Orhan Pamuk tendría que imbuirme del carácter erudito de un profesor de literatura o historia invitado por un acaso a disertar sobre el particular.

Podría comenzar por describir los personajes: Galip es abogado, vive en Estambul, y aunque está casado con su prima Rüya no parece estar cercano a ella ni a sus intereses, de los cuales sólo se menciona -repetidamente- el de las novelas policíacas y eso con un dejo de crítica sobre la manipulación de sus autores sobre el lector, ignorante de las claves que posee el escritor. El entorno familar de Galip es supuestamente similar al de la mayoría, que viven o han vivido muy unidas incluso en un mismo edificio por varias generaciones, en este caso el edificio es el Sehrikalp, situado en una calleja trasera del barrio Nişantaşı. Galip es sobrino (más bien primo con menor edad) de Celâl, columnista del diario Milliyet, del cual nos vamos enterando que es sumamente popular y bien considerado.

La trama comienza con la desaparición de Rüya que abandona el apartamento que comparte con su marido y prosigue con las peripecias que durante una semana sufre Galip en su búsqueda, a la cual se suma al poco tiempo la de Celâl una vez descubrimos que también ha desaparecido aunque se siguen publicando sus artículos. Los hechos se desarrollan en la Turquía de mediados de los años ochenta, el libro fue publicado en 1990.

Después podría destripar la estructura del libro, que consiste más o menos en el relato de las desventuras de Galip que recorre y vuelve a recorrer las calles de Estambul describiendo entretanto el comportamiento de la gente, las aceras nevadas, las tiendas cerradas, sus propios recuerdos y las memorias de la ciudad, intercalado con capítulos compuestos por largos artículos de Celâl que consisten en historias en sí mismos y podrían leerse tranquilamente aislados del resto (el retiro de las aguas del Bósforo en el que describe lo que quedaría al descubierto si tal cosa ocurriese; la oscuridad del edificio, referido al pozo "de ventilación" de los edificios como el Sehrikalp).

Diría que el tono del relato es melancólico, no sólo o tanto por la desventura de Galip, abandonado y sin saber qué hacer o a dónde ir, ni por la personalidad de la vieja ciudad, sino por la permanente evocación de recuerdos del protagonista y de la ciudad y de la ciudad vista por el protagonista, las referencias a la historia del país, a las mitologías persa y árabe junto con la interferencia de herejías y desviaciones del Islam, todo envuelto en un ambiente de declive y añoranza de los tiempos del imperio.

También podría puntualizar que el libro trata de la identidad, pero no sería justo ni suficiente porque no es que Pamuk toque el asunto, sino que hurga en él, lo exprime y lo deja sin una gota de sustancia. El libro, que es una especie de mil y un libros colocados sobre y a veces ocultos bajo la búsqueda de Rüya, contiene innumerables formas de identidad falseada, corrompida, disfrazada, simulada. No creo que haya una manera de convertirse en otro o dejar de ser uno mismo que no esté planteada y desarrollada, ni una arista le ha quedado pendiente. Este libro es complejo y es ciertamente Literatura, no se trata -aunque también- de una secuencia de hechos lineal y mayormente predecible con una conclusión. No resulta extraño por ello que varias reseñas (ej.) aludan a Borges por aquello de los libros infinitos, bifurcantes e inacabados.

El asunto de la identidad no se limita a la que pueda adoptar por voluntad o aceptar por imposición una persona, antes bien se percibe que tiene que ver con la propia forma y funcionamiento de la ciudad, por una parte, y por la otra con el cambio o transición del propio país durante el siglo pasado: la pérdida del imperio otomano, la nueva supuesta democracia, el alfabeto latino, el cine, los libros, las modas y los comportamientos occidentales. El ejemplo notorio es la visita de Galip (o de Celâl, no estaría seguro) a la más antigua fábrica de maniquíes turcos, ya no utilizados ni requeridos y que sólo cumplen algún servicio como museo de una antigüedad caduca. Los nuevos maniquíes (occidentales o occidentalizados) no reflejan ni la forma de los cuerpos ni las poses ni los gestos de la gente turca.

Aún más, diría, la conversión de algo en otra cosa se aplica incluso a las palabras, sus significados y las partes del discurso. Uno percibe por ejemplo que los artículos de Celâl, autocontenidos y significantes, apuntan a alguna otra realidad ulterior sólo por ser colocados en determinado lugar de la otra historia, la de Galip. Hay allí una semiótica, o una intriga semiótica: cómo y por qué una palabra-persona-ciudad-país puede referirse no a su significado directo sino a otra cosa; cuál es entonces la identidad permanente, el verdadero ser.

Podría mencionar las alusiones algo sospechosas de la conducta del famoso poeta Mevlâna (Rumí), origen de los derviches giróvagos, relacionadas con la vida solitaria de Celâl. Igualmente tocar el asunto de las salidas nocturnas del sultán Mehmet disfrazado para no ser reconocido y pasar por uno más de los habitantes de Estambul. Entraría en el tema del hurufismo y su creador Fazlallah que veía significados ocultos en las letras del Corán y veía letras árabes en la cara de las personas. El mismo Mehmet era hurufí. Y aún así faltaría mencionar la lenta adquisición de Galip de todos los rasgos de Celâl, incluido su puesto de articulista en el periódico; y la historia del verdugo viajero con la cabeza de su víctima a cuestas; y la posible relación con el Hüsn ü Aşk (Belleza y Amor) de Şeyh Galip, en la que uno de los amantes busca al otro por cualquier cantidad de interminables dificultades sólo para darse cuenta al final de que no son dos personas sino una.

Debo ser yo mismo

Como carezco de tal capacidad lo más que puedo asomar es que El libro negro es enrevesado, detallista, algo pesado a ratos por la exhaustividad de las enumeraciones, y sin embargo, una vez traspasada la primera parte, suficientemente entretenido para merecer continuarlo, en gran medida porque las subhistorias. que son muchas y muy variadas pueden verse como unidades autónomas sin más referencia, como una enciclopedia.

Chikatilo

Un amigo me embarcó vía préstamo digital en la lectura de El niño 44 (Child 44, 2008), del autor inglés Tom Rob Smith (blog), cuyo primer capítulo me costó sobrepasar por deprimente y frío. El resto es una especie de drama policíaco en el que el protagonista transita por un montón de aventuras para convencer a las autoridades rusas de que hay un asesino en serie que ya ha matado más de 40 niños. Está ambientado en la época próxima a la muerte de Stalin, años 50 y algo y es bastante entretenido (una vez pasas el primer capítulo). Sólo le encontré dos problemillas: uno, la propaganda antisoviética es algo exagerada y omnipresente; dos, tiene demasiados detalles hollywoodenses, como suele pasar y probablemente la película venga por ahí (el guión está casi listo).

Lo interesante es que está basado -al menos ligeramente- en el caso real de Andrei Chikatilo, (otro relato, otro) asesino real que "trabajó" en el área de Rostov a lo largo de los años 80 hasta que fue capturado en diciembre 1990 (su juicio se solapó con el colapso de la URSS). Confesó 53 asesinatos, la mayoría de menores de 17 años. Fue ajusticiado en enero de 1994.

Hay una película Ciudadano X, basada en el recuento realizado por Robert Cullen en el libro The Killer Department (1993). Quizá porque está realizada para televisión se siente un poco apretada en relación con los detallados reportes disponibles; pero, participa Donald Shutherland personificando al Coronel Fetisov y Max von Sidow como el Dr. Alexandr Bukhanovsky, así que vale la pena verla. En la película el protagonista es Viktor Burakov (Stephen Rea), forense que condujo la investigación por unos ocho años.

El caso Chikatilo es escalofriante y tenebroso, debe ser por esa razón que hay tantas obras dedicadas o derivadas, como las que acabo de comentar.

Un mono mecánico

Alex

Que no se entere Darío, pero he visto por primera (y última) vez la famosa Una naranja mecánica de Stanley Kubrick cuando se aproxima al cuadragésimo aniversario de su realización y creo que he cubierto ampliamente mi cuota personal en lo que a ver películas de este director se refiere. Alguna vez soporté en una madrugada de ocio las veintisiete horas de baile circular en 2001: una odisea espacial, y por sugerencia de Yrvis aguanté El Resplandor; así que ya.

Que las películas de Kubrick sean un ladrillo no significa por cierto que no sean interesantes; pero ciertamente debe haber mejores maneras de transportar un mensaje. Caso: 2001 está basada en 'El Centinela' de Arthur Clarke, un cuento que si mal no recuerdo se puede leer en menos de una hora, en cambio, la película parece inacabable.

La 'Naranja Mecánica' dura dos horas y diecisiete minutos (o algo así), y es difícil no sentirse mal al verla, en parte por la temática violenta y en parte por la suma de paredes, libros, vestidos, etc. de color naranja o rojo que cargan tanto como el contenido. El asunto: ¿puede (debe) una sociedad aplicar tratamientos antiviolencia a un individuo aunque esto le prive de su voluntad natural? ¿Hay una forma de erradicar el mal? ¿No es peor la sociedad enferma que un individuo enfermo?

Está basada en la novela homónima de Anthony Burgess (1962) que incluye una especie de jerga maligna utilizada por el protagonista Alex (Malcolm McDowell, en la imagen) en la narración sobreimpuesta en la película; de allí que el título pueda entenderse también como 'un mono (orang, síncopa de orangután) mecánico' que es lo que sería una persona privada de su libre albredrío. Lástima que eso no se percibe en la traducción porque resume bien el espíritu del argumento y evitaría quizá tener que verla para enterarse.

Vals con Bachir

Vals Im Bashir es el título original (hebreo) de esta curiosa película de estilo documental realizada con dibujos animados y que ha venido ganando una cierta cantidad de premios. El tema fundamental es personal, se trata de la recuperación de recuerdos reprimidos por su personaje principal y director, Ari Folman, relativos a la masacre de Sabra-Chatila y la presencia del ejército israelí que rodeaba aquellos campos de refugiados en 1982.

Folman tenía 19 años en aquel entonces y como soldado formaba parte del ejército que ocupó el oeste del Líbano al día siguiente del asesinato del líder falangista Bachir Gemayel quien había ganado las elecciones presidenciales poco antes presentándose como único candidato. Sus seguidores del partido falangista del Líbano parecen haber sido los perpetradores de la masacre, que ocurrió un par de días después de su muerte.

La película se desarrolla mediante entrevistas con algunos conocidos de Folman, a quienes les pide información que ayude a rememorar su olvidada participación en aquellos eventos del Líbano. No llego a comprender por qué razón Folman utiliza dibujos animados, ya que las voces de los personajes son las propias de ellos y sus dibujos -incluido Folman- son figurativos; tanto que parecen calcados del video. Sin embargo, la narración no pierde veracidad y se aprecia el esfuerzo realizado tanto en la búsqueda de lo reprimido como en su presentación gráfica.

Cuadro

Hay un par de cosas que me gustaron de la película. Una, el enfoque personal, que muestra sólo lo que fue relevante para Folman o sus conocidos, y que después de todo es la ¿única? manera de contar algo de primera mano. Dos, la presentación del ejército y toda su estupidez, tanto en la estúpida dinámica cotidiana como en la obediencia estúpida a gente invisible. Ver la película ilumina grandemente las razones de que todos los ejércitos estén conformados por gente tan joven: son los únicos que pueden aceptar (al menos temporalmente) tanta estupidez junta. Por otro lado, los testimonios presentados apuntan al conocimiento previo si es que no colaboración directa de altos cargos israelíes en la matanza, particularmente de Ariel Sharon. Encuentro la película valiente y pertinente; quizá ayude a algún desprevenido a evitar el paso por esa estupidez que llaman milicia.

¿Por qué?

La situación se da en la época en que Sinuhé estudia medicina en la 'Casa de la Vida', durante el reinado de Amenhotep III, padre de Akhenaton; esto es, aprox. 1350 a.C.


Libro Segundo

La Casa de la Vida

En aquellos tiempos los sacerdotes de Amón en Tebas se habían atribuido el derecho exclusivo de la enseñanza superior y era imposible comenzar los estudios sin su consentimiento. Es fácil de comprender que tanto la Casa de la Vida como la Casa de la Muerte hayan sido en todos los tiempos instaladas en el interior de las murallas del templo, así como la alta escuela de teología para los sacerdotes de grados superiores (...)

Antes de franquear el umbral de la Casa de la Vida, me era indispensable pasar el examen de sacerdote de grado inferior en la facultad de teología. Debí consagrar a ello tres años, porque al mismo tiempo acompañaba a mi padre en sus visitas a fin de aprovecharme de su experiencia. Vivía en casa, pero cada día asistía a los cursos. Los muchachos que tenían protector poderoso podían pasar en pocas semanas este examen, que comprendía, además de los elementos de lectura, escritura y cálculo, unos textos sagrados aprendidos de memoria, así como leyendas sobre las santas trinidades y las santas enéadas que culminaban siempre en el rey de todos los dioses, Amón. El objeto de esta enseñanza maquinal era ahogar el deseo natural de los estudiantes de pensar por sí mismos e inspirarles una confianza ciega en la importancia de los textos aprendidos. Sólo cuando estaba ciegamente sometido al poderío de Amón, podía el joven estudiante alcanzar el primer grado de sacerdocio (...)

(...)

Sin embargo, fui ciego y sordo hasta el momento en que tuve una iluminación como antaño, durante mi infancia, cuando las imágenes, las palabras y las letras cobraron vida para mí. Un día mis ojos se abrieron, me desperté como de un sueño y con el espíritu desbordante de alegría me pregunté: "¿Por qué?". Porque la temida clave de todo verdadero saber es la pregunta "¿Por qué?". Esta palabra es más fuerte que la caña de Thoth y más poderosa que las inscripciones grabadas sobre la piedra.

He aquí cómo ocurrió. Una mujer no había tenido hijos y se creía estéril porque había pasado de la cuarentena. Un día, sus menstruos cesaron y, atemorizada, acudió a la Casa de la Vida preguntándose si un mal espíritu habría penetrado en ella emponzoñando su cuerpo. Como está prescrito, tomé unos granos de trigo y los hundí en la tierra. Regué algunos granos con agua del Nilo y los otros con orina de la mujer. Puse todo aquello al sol y le dije a la mujer que volviese a pasar al cabo de algunos días. Cuando vino, los granos habían germinado; los que habían sido regados con agua del Nilo eran pequeños, mientras los demás estaban florecientes. Así lo que estaba escrito era verdad, como se lo dije a la mujer sorprendida

--Regocíjate, mujer, porque en su misericordia el poderoso Amón ha bendecido tu seno y tendrás un hijo, como las demás mujeres benditas.

La pobre mujer lloró y me dió un brazalete de plata que pesaba dos debens. Pero en el acto me preguntó si sería un varón, porque se figuraba que lo sabía todo. Reflexioné un momento, la miré a los ojos y le dije:

--Será un hijo.

Porque las probabilidades eran las mismas y en aquellos tiempos tenía suerte en el juego. Estuvo todavía más contenta y me dio otro brazalete igual al primero.

Una vez se hubo marchado, me pregunté: "¿Cómo es posible que un grano de trigo sepa lo que ningún médico puede dilucidar antes de que los signos del embarazo sean perceptibles a la vista?" Entonces me decidí a ir a hacer esta pregunta a mi maestro, pero éste se limitó a contestar:

--Está escrito.

Pero aquella no era una respuesta satisfactoria a mi por qué. Me decidí a consultar acerca de la maternidad al médico comadrón real, quien me dijo:

--Amón es el dios de todos los dioses. Su ojo ve la matriz que recibe la semilla. Si permite la fecundación, ¿por qué no permitiría que un grano germine en la tierra si se ha regado con el agua de una mujer fecundada?

Me dirigió una mirada de compasión como a un imbécil, pero su respuesta no me satisfizo.

Ahora mis ojos se abren y veo que los médicos de la Casa de la Vida conocían únicamente los textos y las costumbres, pero nada más. Porque si preguntaba por qué había que cauterizar una herida purulenta mientras se unta una herida ordinaria y se la cubre con un apósito y por qué el moho y las telarañas curan los abcesos, me respondía:

--Así se ha hecho siempre (...)

De la misma forma el manipulador del cuchillo que cura tiene el derecho de practicar las ciento veintidós operaciones e incisiones que han sido descritas, y las ejecuta más o menos bien según su experiencia y habilidad; más o menos lentamente, ocasionando más o menos sufrimientos al enfermo; pero no puede hacer nada más porque sólo éstas han sido descritas.

Había gente que adelgazaba y su rostro se ponía pálido, pero el médico no podía descubrir enfermedad ni defecto. Y, sin embargo, estos enfermos recuperaban la salud si comían el hígado crudo de las víctimas de los sacrificios pagando por él un precio elevado, pero nadie podía explicar el porqué; nadie se atrevió siquiera a preguntarlo. Otros tenían dolores de vientre, y sus manos y sus rostros se ponían ardientes; tomaban purgantes y calmantes, pero unos sanaban y otros morían sin que los médicos pudiesen decir de antemano lo que ocurría. No estaba permitido preguntarse el porqué.

No tardé en darme cuenta de que hacía demasiadas preguntas, porque todos comenzaron a mirarme de soslayo y los camaradas entrados más tarde que yo pasaron delante de mí y me daban órdenes. Entonces fue cuando me quité mi vestidura blanca, me purifiqué y abandoné la Casa de la Vida, llevándome los dos brazaletes cuyo peso era de cuatro debens.

(...)

--¿Es acaso un error preguntar "¿Por qué?" -dije entonces.

--Desde luego es un error, porque el hombre que se atreve a preguntar por qué, no tiene ya hogar, ni techo, ni asilo en el país de Kemi. Todo debe permanecer inmutable, ya lo sabes (...) Porque ante todo existe la fórmula. El arte tiene su canon, como cada letra su tipo, y el que se aparta de ello está maldito (...)

(...)

(...) y comprendí que las casas de placer y el vino estaban autorizadas a los alumnos de la Casa de la Vida, pero que debía renunciar a preguntar "¿Por qué?".

El asunto Ben Barka

Es una película francesa (J'ai vu tuer Ben Barka 2005) a la que accedí por casualidad y que trata de una forma casi documental sobre eventos ocurridos en 1965, una trampa elaborada para capturar y hacer desaparecer a Mehdi Ben Barka, un político marroquí que participó en la independencia de su país y luego por diferencias políticas se exiló en Argelia y Francia. Parece que se había ganado un prestigio muy grande y era la estrella de una 'Conferencia Tricontinental' que se iba a celebrar en Cuba en 1966.

Noticia

La película está contada ¡tres veces! desde la perspectiva de Georges Figon quien fue el personaje encargado de contactar a Ben Barka, fingiendo o creyendo realmente (no me queda muy claro) que era el productor de una película sobre el proceso de descolonización y en la cual Ben Barka sería el asesor histórico. Figon hizo los contactos para una entrevista con el director Georges Franju, y fue cuando asistía a esa cita que unos desgraciados policías franceses lo secuestraron.

Debido a mi desconocimiento del tema -y también al infernal doblaje al "español"- la película no es fácil de comprender. En la Wikipedia hay un recuento bastante parecido al de la película; con el agregado de unos detalles increíbles sobre la muerte que habría sufrido Ben Barka, según confesiones realizadas en 2001 por Ahmed Bujari, otro esbirro de los "servicios de seguridad" marroquíes, que además -y para variar- implica a la CIA en el plan de eliminar a Ben Barka. El principal actor parece haber sido Mohammed Ufqir ministro del Interior y Defensa durante los reinos de Mohammed V y Hassan II.

El cadáver de Ben Barka nunca fue encontrado y la Conferencia Tricontinental que prometía tanto no se volvió a dar.

En suma, una película de terror y no precisamente por vampiros ni fantasmas, sino por su apego a la realidad. Nada hay peor que unos fanáticos creyendo que defienden un régimen. Queda el consuelo de tontos: todos sus protagonistas fueron muertos -o suicidados- en los años siguientes.

70 años de evolución

Según el blog de Jotace Supermán (o Súperman, quien sabe) cumple en estos días setenta años. Eso me hizo recordar que llegó a mis manos el primer número de la serie, convenientemente digitalizado, cuya portada es ésta:

Portada

Allí puede verse que en junio de 1938 este primer ejemplar se podía comprar por 10 céntimos de dólar. La imagen inicial es la de un hombre muy fuerte que puede levantar y mover un carro de aquellos, hecho mayormente de hierro y no plástico, con facilidad y -más interesante- se apoya en el suelo aunque sea con la punta de un pie.

Y es que en todo el episodio, Superman hace grandes proezas físicas pero de ninguna manera es ilógico, como lo sería años después. Es fuerte, por lo tanto hace saltos gigantescos, incluso puede cargar con otra persona, pero no vuela, sólo salta. Y por supuesto, nada de soportar el golpe de un meteorito que viene a toda velocidad poniéndole la mano y frenándolo en seco en mitad del aire. Es decir, o los "poderes" fueron aumentando o el gusto por lo irracional ha ido creciendo en estas décadas y el "superhéroe" simplemente ha ido reflejando eso. En esta tira se aprecia cómo Superman persigue -corriendo- a un malhechor, lo atrapa y salta para llegar a la altura ¡de un poste! y amenazarlo con la temible caída.

No volaba

Vida y muerte

Eventos circunstanciales (como son todos los eventos, después de todo) me condujeron a ver dos películas norteamericanas realizadas a sesenta años de distancia.

It's a Wonderful Life o "Qué bella es la vida" de Frank Capra es de 1946, la he visto mencionada montones de veces en distintos lugares así que piqué y la descargué. Resultó ser una película de ángeles, cosa nada rara en Holliwood, aunque no sé si será la primera de ese tipo. Trata de un joven voluntarioso y solidario interpretado por James Stewart a quien se le complican un poco las cosas y tiene el privilegio de ver cómo sería la vida de sus conocidos si él no hubiera vivido, un ejercicio interesante y que deberían proveer de alguna manera para todo el mundo. A pesar del dulzor y los estereotipos (como el ricachón avaro y maligno), la película logra transmitir su mensaje: eres más rico de lo que crees.

Death of a president, de Gabriel Range, es más bien reciente, de finales del año pasado y está hecha con una estética de documental televisivo bastante creíble. Se trata del asesinato de Bush en octubre de este año (¿profecía? ¿deseo de los liberales? ¿amenaza? dicen algunos comentaristas); por lo tanto podríamos catalogarla como "futurista". Lo más llamativo es que Bush efectivamente sale en escena y hasta da un discurso, como si hubiera sido contratado para la cinta; excepto, of course, en la escena de su muerte, que por otra parte pasa rápidamente y sin detalles. Hay algunos parecidos seguramente inevitables con aquel famoso asesinato presidencial de 1963, pero en este caso encuentran a dos culpables, uno 'de ocasión' y otro real.

Realmente resulta chocante (por la falta de costumbre) ver cómo se utiliza la magna figura presidencial en una película y además la matan en ella. No imagino a los presidentes de Zambia, Corea del Norte o en fin, de cualquier otro país en una situación similar. Sería intolerable, aunque fuese en ficción.

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