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Vals con Bachir

Vals Im Bashir es el título original (hebreo) de esta curiosa película de estilo documental realizada con dibujos animados y que ha venido ganando una cierta cantidad de premios. El tema fundamental es personal, se trata de la recuperación de recuerdos reprimidos por su personaje principal y director, Ari Folman, relativos a la masacre de Sabra-Chatila y la presencia del ejército israelí que rodeaba aquellos campos de refugiados en 1982.

Folman tenía 19 años en aquel entonces y como soldado formaba parte del ejército que ocupó el oeste del Líbano al día siguiente del asesinato del líder falangista Bachir Gemayel quien había ganado las elecciones presidenciales poco antes presentándose como único candidato. Sus seguidores del partido falangista del Líbano parecen haber sido los perpetradores de la masacre, que ocurrió un par de días después de su muerte.

La película se desarrolla mediante entrevistas con algunos conocidos de Folman, a quienes les pide información que ayude a rememorar su olvidada participación en aquellos eventos del Líbano. No llego a comprender por qué razón Folman utiliza dibujos animados, ya que las voces de los personajes son las propias de ellos y sus dibujos -incluido Folman- son figurativos; tanto que parecen calcados del video. Sin embargo, la narración no pierde veracidad y se aprecia el esfuerzo realizado tanto en la búsqueda de lo reprimido como en su presentación gráfica.

Cuadro

Hay un par de cosas que me gustaron de la película. Una, el enfoque personal, que muestra sólo lo que fue relevante para Folman o sus conocidos, y que después de todo es la ¿única? manera de contar algo de primera mano. Dos, la presentación del ejército y toda su estupidez, tanto en la estúpida dinámica cotidiana como en la obediencia estúpida a gente invisible. Ver la película ilumina grandemente las razones de que todos los ejércitos estén conformados por gente tan joven: son los únicos que pueden aceptar (al menos temporalmente) tanta estupidez junta. Por otro lado, los testimonios presentados apuntan al conocimiento previo si es que no colaboración directa de altos cargos israelíes en la matanza, particularmente de Ariel Sharon. Encuentro la película valiente y pertinente; quizá ayude a algún desprevenido a evitar el paso por esa estupidez que llaman milicia.

Enemigación

En la más reciente entrega de Bíblica, entre varios trabajos interesantes -como siempre-, hay uno (PDF) algo más llamativo de Peter Dubovský titulado El colapso asirio a través de los ojos de Isaías (2 Reyes 15-23): historiografía de la representación; que desarrolla en varios pasos.

En primer lugar revisa la versión bíblica de la presencia asiria según se relata en el segundo libro de los Reyes. No hay más de siete menciones de los asirios, pero con ese escaso testimonio Dubovský dice que se puede reconstruir grosso modo la expansión territorial, desde un inicio con la primera campaña de Tiglat-pileser c. 738 a.C, hasta su culminación con la muerte de Senaquerib en 681 a.C.

Pero al describir el mismo proceso expansivo según se conoce por otras fuentes, tanto arqueológicas como textuales las discrepancias con la narrativa bíblica son evidentes. Los asirios comenzaron su expansión unos cien años antes y su imperio duró hasta el final del reinado de Asurbanipal en 612 a.C. Además los sucesos en Reyes están contados de manera desordenada cronológicamente hablando (una historia en wikipedia, con mapa).

Por aquellas discrepancias dice Dubovský que se puede identificar a los escritores bíblicos como judaítas, quienes sólo querían presentar a los asirios en cuanto tenían relación desde su punto de vista con el desarrollo de Israel (Samaria) y Judá. Parece que estos escritores tenían una agenda que se manifiesta no sólo en el orden -o desorden- de los eventos sino también en los comentarios teológicos que colocaban en cada reinado (cosas del tipo "fulano hizo lo que era recto ante los ojos del Señor; o mengano hizo lo que es malo a los ojos del Señor, aunque no tanto como los reyes de Israel que lo habían precedido; etc.).

El relato judaíta se detiene particularmente en el reino de Ezequías, cosa que se manifiesta no sólo por la longitud del relato acerca de este rey sino por la evidente agregación de dos fuentes (que llaman, para no complicarse, A y B), la primera escueta, sintética y la segunda (a partir de Reyes 2:18,17) florida y emotiva. Ezequías pagó tributo a Senaquerib, sin embargo éste atacó Jerusalén de nuevo, rompiendo con la política tradicional asiria y los escritores bíblicos parecen atribuir a este pecado de arrogancia la eventual caída del imperio asirio.

Dubovský hace también un interesante análisis del poema de Isaías que aparece en el medio del recuento de Reyes; en sus pocas líneas encuentra cuatro (4!) versiones de los hechos, hurgando en la sintaxis de una manera algo exagerada. Finalmente, cuenta que la versión conservada en el libro de los Reyes apunta a explicar la caída de Samaria y otros eventos como manifestaciones de la intervención divina, y en el caso del colapso asirio como un castigo infligido por Dios a causa de su orgullo (creían tener el poder supremo y eterno). Desde este punto de vista no importa tanto cuándo ocurrieron las cosas sino el por qué ocurrieron, dice.

Poniéndose teórico, Dubovský comenta que el relato bíblico se puede considerar como una antigua forma de historiografía y aplica el concepto de "representación" que define como: los eventos son interpretados por medio de una óptica específica ... que determina la organización global así como la selección de datos. Los escritores no se sienten obligados a presentar todos los datos históricos o a ser objetivamente correctos ... prefieren presentar sólo los datos que "representan" la realidad. Esta técnica historiográfica permite también retrotraer (telescoping) diversos eventos a una historia incluso aunque no estén conectados en la realidad

Me pregunto dónde he oído eso.

Más adelante, Dubovský destaca que esta historiografía de la representación
pone el camino para el proceso de enemigación (enimification), en el cual los seres humanos son despojados de su dignidad y consecuentemente justifica toda clase de atrocidades que los perseguidores nunca harían de otro modo

¿De qué hablábamos? Ah, sí, de los asirios. La historiografía de la representación aplicada en el relato del segundo libro de los Reyes cumpliría así con el propósito de los escritores judaítas que finalmente sería un llamado a la conversión religiosa, a ver la intervención de Dios en los eventos pasados (o futuros, total...) y una justificación de la reforma de Ezequías, que hizo lo que era recto a los ojos del Señor.

Nada que ver con la moderna manera de hacer historia, en la que se presentan hechos ordenada y objetivamente... ¿no es cierto?

Continúan los rollos del mar Muerto

Escribe que algo queda, decía -y titulaba su columna periodística semanal- el viejo Kotepa Delgado. Pero según parece lo que queda de lo escrito es sólo confusión y posibilidades interpretativas infinitas.

Caso: los famosos manuscritos "del Mar Muerto", descubiertos en los años cuarenta y atribuidos casi inmediatamente a un grupo eremita: los esenios. Algo pasa con estos rollos porque a cada rato surgen disputas entre los estudiosos con las que uno se entretiene cual novela culebrera. El (pen)último capítulo está difundiéndose por todos los medios y lo protagoniza Rachel Elior, profesora de la Universidad Hebrea especialista en la mística judía. Según Elior las referencias a los esenios sólo provienen de Josefo, Plinio y Filo, cuyos relatos además difieren en detalles importantes; de allí deduce que se trata de una invención o exageración de Josefo para enriquecer su presentación de los judíos ante los romanos.

Elior atribuye la escritura de los rollos y su ocultamiento en Qumram alrededor del siglo II a.C. a los saduceos, casta de sacerdotes descendientes de Zadok (sacerdote en el reinado de Salomón, supuestamente). Dice que en ninguno de los rollos se menciona a los esenios y en cambio todos los textos se corresponden con una presunta ley saducea que habría evolucionado a lo largo de siglos y que sólo se interrumpió cuando los seléucidas (descendientes del sátrapa Seleuco, general de Alejandro) tomaron control del templo, cosa que provocó el alejamiento de los saduceos con todo y sus rollos (manuscritos).

Quedo pendiente del próximo capítulo.